Mi diagnóstico

(Extraído del Blog de Marta, titulado “Artritis psoriásica” que, por su interés, reproducimos aquí. Gracias Marta por tu permiso para hacerlo. Un placer haber contactado contigo).

Hace un par de años empecé a sentirme más cansada de lo normal, mi movilidad se veía poco a poco limitada y no lograba comprender porque mi cuerpo no terminaba de responder. A pesar de tener 31 años en ocasiones tenía un dolor articular terrible y mi aparato digestivo tampoco funcionaba mucho mejor. Había padecido una salmonela y tras ella sufría una gastritis crónica y una más que considerable hinchazón de mi zona abdominal sin motivo.

Siempre había padecido un problema de amigdalitis hipertróficas a las que había achacado los dolores articulares, y a pesar de haber insistido a mi otorrino para que me las extrajera no había forma de convencerle, ya que tenía miedo de que mi sistema inmune ante la ausencia de amígdalas, le diera por atacarme de una manera más peligrosa.

En marzo de 2015 la situación se hizo insostenible, compaginaba mi trabajo con un master los fines de semana fuera de mi localidad, los dolores y el cansancio hacían que al final del día a duras penas pudiera llegar al hotel.

Un día al mirarme al espejo descubrí que el dolor de garganta que se había vuelto insoportable, era porque las amígdalas habían ocluido la garganta casi por completo. Acudí a urgencias y a pesar de la inyección de corticoides, no conseguimos que la inflamación disminuyera tan apenas, después de una analítica de contraste a diversos virus, verificaron que padecía dos infecciones: citomegalovirus y Epstein barr.

Tras unos días ingresada y hacer reposo durante un mes, conseguimos mejorar un poco mi cuadro, pero los dolores articulares seguían.. en ocasiones sufría terribles tiritonas incluso en verano y aunque había presentado una notable mejoría del cuadro inicial, tampoco conseguía vencer totalmente las infecciones.

Llegados a este punto, me planteé que era necesario tocar todas las especialidades y pruebas que fueran necesarias para identificar mi problema. Pasé por consultas de: inmunólogos, alergólogos, neumólogos, digestivos, de una especialidad me derivaban a otra en un periplo que parecía eterno..

Las infecciones finalmente cesaron y descartamos patologías terribles, pero los dolores seguían, (a pesar de haber conseguido convencer a mi otorrino de que me practicara una reducción de amígdalas).. había mañanas que me levantaba como si hubieran pegado mis huesos con pegamento y descubrí que la movilidad de mi dedo anular de la mano izquierda era limitada. Pero había algo más, desde hacía ya más de 7 años presentaba un eczema un tanto peculiar en mi mano izquierda que aparecía y desaparecía de manera recurrente. Lo cierto es que siempre pensé que se debía a mi dermatitis atópica y lo trataba con mi pomada habitual sin darle mayor trascendencia, pero era cierto que desde hacía un tiempo se había vuelto mucho más resistente por lo que convencida por mi compañera y amiga de trabajo, decidí acudir a mi dermatóloga (aunque eso supusiera otro médico más al que visitar).

Si en su día mi dermatóloga fue mi ángel de la guarda, ya que consiguió que superara uno de los brotes de dermatitis atópica más desagradables que había visto en su consulta, esta vez volvería a salvarme del pozo de angustia en el que había caído al no saber que me pasaba. Tras examinarme y ver mis analíticas, verificó que mi mano no presentaba un eczema, era un brote de psoriasis y mis dolores articulares respondían a una patología de la que yo nunca antes había oído hablar: artritis psoriasica.

(Hay veces que la respuesta la tenemos delante y no sabemos verla… si hubiera ido antes a mi dermatóloga cuantos disgustos me hubiera ahorrado).

Para muchos pacientes es un trance complicado descubrir que padecen artritis psoriasica pero para mi fue una tremenda liberación: por fin sabía que me pasaba y sabía como enfrentarme a ello para mejorar.

En mi caso el camino hasta descubrir el diagnóstico no fue fácil, tardó demasiado tiempo y en ocasiones tuve que oír tanto de profesionales como de gente cercana a mí, que lo único que me ocurría es que sufría un brote de estrés, o que si no me movía, cada día podría hacer menos y eso me hacía acumular gases y engordar… (cualquier cosa que imagines, hasta hacerme sentir como una verdadera loca hipocondriaca). Es duro, pero no nadie te conoce mejor que tú, y si crees que algo no funciona en tu organismo, no dejes de consultar hasta encontrar la respuesta, no ignores ningún síntoma o señal, te puedo asegurar que el tortuoso camino de buscar respuestas es infinitamente menos duro que vivir en la sombra de la incertidumbre.

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