Imprescindible buena presencia

Por  Fátima Rodríguez Moreda
Abogado y Paciente de Psoriasis desde 1981

 

Como cada año, este martes 8 de marzo de 2016 se celebrará el “Día Internacional de la Mujer”, una conmemoración cuyos orígenes se remontan a principios del siglo XX sin que a día de hoy haya una opinión unánime sobre el motivo que dio lugar a ello. Se habla de huelgas, de incendios, de sufragistas… pero lo que está claro es que en todo ello intervenían dos factores: la mujer y el trabajo. O más bien, las condiciones laborales. Pero no es hasta 1975 en que la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas fija la fecha del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Como el objeto de este escrito no es hacer un relato histórico de fechas y hechos, me remito a cualquiera de los artículos y estudios que sobre este tema están publicados en la red de redes y fácilmente alcanzables a través de cualquier buscador.

Como decía antes, este día tiene hasta hace muy pocos años el nombre de “Día de la Mujer Trabajadora”, pero los tiempos avanzan y es necesario adaptarse a ellos, por lo que se queda como “Día Internacional de la Mujer” puesto que en este día se visibiliza la lucha que por la igualdad entre mujeres y hombres se lleva a cabo en todo el mundo y que abarca mucho más que el trabajo. Y precisamente por ese origen, hoy quisiera hablar del conjunto mujer-trabajo-psoriasis.

Cualquiera que haya recorrido los anuncios de ofertas y demandas de empleo se habrá encontrado en la mayoría de las ocasiones la frase “Imprescindible buena presencia”, especialmente en aquellos puestos de trabajo que incluyen la atención al público de manera personal, puestos que son los que la mayoría de las mujeres desempeñan. Pero, ¿qué es la buena presencia? y ¿qué supone para una mujer con psoriasis la buena presencia? Obviamente no estamos ante un concurso de modelos, se supone que se debe tener un aspecto agradable, limpio y aseado, cuidado y, en el caso de las mujeres, además incluye el uso de maquillajes y productos para mantener en su sitio el cabello durante toda la jornada laboral. Y ello con psoriasis puede suponer una doble exigencia.

Una mujer con psoriasis comienza su día con su ducha, ni muy caliente ni muy fría, templadita, aunque fuera esté nevando y lo único que te haga entrar en calor sea el agua casi hirviendo, pero no puedes porque eso sería perjudicial para las placas de psoriasis. Esta ducha ayudará a eliminar los restos de las cremas, lociones, pomadas y espumas que habrás puesto la noche anterior para mantener a raya las placas. Además, suele incluir el lavado de la cabeza con algún champú especial que, por supuesto, no se caracteriza por su buen olor. Tras la ducha llega el secado, delicado y suave, no vayas a arrancarte la piel a tiras, y la hidratación, que deberás dejar secar al aire para que la piel la absorba y, de paso, no estropear la ropa que te pondrás después. El secado del pelo también debe ser delicado para no afectar a las lesiones del cuero cabelludo, debiendo evitar productos irritantes así como el calor excesivo de secador y planchas. Es decir, que desde que te metes en la ducha hasta que estás lista para vestirte puede pasar una media hora. “Dúchate por la noche”, te dicen, pero no puedes: por la noche debes aplicarte las cremas en las placas para que actúen mientras duermes.

Obviemos el desayuno, ya que salvo que tengas alguna alergia o intolerancia alimentaria o algún alimento concreto irrita tus placas (que ocurre, aunque no hay estudios científicos que lo demuestren), éste no difiere mucho del que toman los demás.

Toca vestirse, con ropa de algodón. Mejor que no sean colores oscuros para evitar que la gente identifique como caspa las escamitas que caen de tu cabeza sobre tus hombros. Fácil, si no tienes uniforme o normas de vestuario, ambas cosas que suelen incluir prendas sintéticas (¿alguna vez os habéis fijado en las blusas que llevan las empleadas de algunos supermercados? A mí me pica todo sólo con verlas) o colores oscuros (dicen que son más sufridos… para las demás). Además, si tienes lesiones en lugares visibles, la “buena presencia” exige que te vistas con prendas largas que las oculten a fin de evitar comentarios, preguntas o reacciones indeseadas. Bien, es fácil, pero ¿qué ocurre si es verano y hace calor? ¿y si la empresa te obliga a ir de manga corta?

A continuación toca el turno del maquillaje. Los trabajos donde es “imprescindible buena presencia” exigen una pasadita de chapa y pintura, más o menos marcado, acorde con la personalidad de la trabajadora y las características del puesto de trabajo. Para una mujer con psoriasis encontrar un maquillaje adecuado supone una inversión de muchas horas y de mucho dinero. Que levanten la mano todas aquellas mujeres que compraron aquel maquillaje carísimo que le aseguraron que era compatible con su piel y a los tres o cuatro días de uso tuvieron que desecharlo… Lo sabía, prácticamente todas. Y vaya drama cuando la compañía deja de producir justo esa base que te va bien. Pero lo logras, por supuesto que lo logras, acabas desarrollando una facilidad para conseguir muestras que es la envidia de todas las mujeres de tu entorno. Con las colonias y perfumes pasa otro tanto de lo mismo, aunque ya te has acostumbrado a ponerlos en la ropa y no directamente en la piel. Sí, como los bebés.

Y sales de casa. De tu zona de confort, tu entorno seguro. A la calle, al trabajo, a la jungla. Comienzan las miradas, las preguntas, los comentarios directos o indirectos. Cuando has conseguido un puesto de trabajo ya has superado unas cuantas entrevistas y pruebas, así que tus jefes más o menos saben de qué va esa “quemadura” o esa “caspilla”, incluso habrá quien conozca la psoriasis en persona, pero aún así te recomendarán que te tapes para evitar el descenso de producción ya que provocas rechazo en los clientes. Y es cierto, con lesiones visibles es muy difícil mantener la atención de tu cliente en lo que le estás diciendo, inevitablemente los ojos se van a tus manos, brazos, hombros, frente… a todo aquel lugar donde la psoriasis hace acto de presencia. En este momento te ocurre de todo: personas que te rechazan por miedo al contagio, otras que te dicen que tienes que hidratarte más, otras que saben lo que es te recomiendan el remedio del primo de la vecina del cuñado de la hermana de su suegra… Pero vamos a ver, que aquí estamos a lo que estamos, no a recibir consejos absurdos que no te interesan y que nada tienen que ver con tu trabajo.

A veces, el rechazo es tan grande, que puedes llegar a perder tu puesto de trabajo. Las lesiones visibles en esos brotes incontrolables, el rascado involuntario, las ausencias para acudir a las citas médicas, los efectos secundarios de medicaciones sistémicas, los dolores que impiden estar demasiado tiempo de pie o quieta… Todo eso y muchas más cosas pueden hacer que la “buena presencia” se diluya y, según tus superiores, acaben afectando a tu productividad. Y aumentas el nivel de desempleo, lo cual no es una situación que ayude a controlar la psoriasis, pues se unen estrés, ansiedad, desánimo, desesperanza… emociones de las que parece alimentarse esta enfermedad. Y te cansas de arreglarte, de cuidarte… y la “buena presencia” desaparece, con lo que ello implica para una mujer según la sociedad actual.

Pero sigamos con el día a día, el final de la jornada laboral y a casa. Estás deseando ponerte el pijama, tirarte en el sofá, cenar cualquier cosa, meterte en cama sin más. Pero no puedes, porque antes tienes que prepararte para la noche. Por supuesto desmaquillarte e hidratarte, pero también echar las cremas correspondientes. La rutina de aplicarte el tratamiento puede durar hasta una hora, en función del tipo de tratamiento, la extensión de piel afectada o la clase de lesiones. No es lo mismo aplicarse una crema fluida en lesiones grandes y definidas, que ungüentos pegajosos en lesiones que son pequeños puntos que se reparten a lo largo de todo el cuerpo. O los tratamientos para el cuero cabelludo, que todavía no se ha inventado uno realmente cómodo de aplicar y con la cantidad justa. Y desde que te pones todo el tratamiento tópico tienes que esperar de nuevo a vestirte para que la ropa no se lleve los productos o para evitar estropearla. Por supuesto, pijamas, ropa de andar por casa, sábanas… todo ello debe ser de algodón y en colores que disimulen los destrozos que ciertos tratamientos tópicos hacen a los tejidos.

Te vas a dormir pensando “mañana será otro día”. Sí, será otro día, pero será igual, porque mientras dure tu brote, todos tus días serán iguales, entre tratamientos, miradas, comentarios… Puede que el camino te encuentres a alguien que realmente comprenda qué te ocurre y que sepa ver que tu “buena presencia” es mucho más que una cara bonita y una piel inmaculada. Y el día que eso ocurre lo marcas en tu calendario como tu “Día de la Mujer”.

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